Con Pid y Lilith en el Círculo polar. Ski & Sail en los Alpes de Tromso y Lyngen (Noruega)

Navegar en un frágil velero contemplando el dramático paisaje de la Penísula de Lyngen, al norte de Tromso, la puerta del ártico de todas las expediciones al polo norte. Compartir experiencias con amigos, ponerte ciego de nieve virgen, pescar bacalaos por la tarde para tener una buena cena, dejar atrás todos los problemas haciendo un pequeño inciso en tu vida, descubriendo lugares con los que jamás hubieses soñado, sin saber que lo que todavía tienes que descubrir al día siguiente aún es infinitamente mejor que en el del día anterior, tan sólo con la diferencia de que el ácido láctico que corre por tus piernas va a hacerte recordar que has llevado tu cuerpo al límite y que quizás deberías de frenar un poco. Pero la paz que hay en este lugar, hace que recuperes mentalmente y al día siguiente aunque tu cuerpo no pueda, tu mente te da una oportunidad de nuevo para ascender a bellos picos de entre 1200 y 1700 metros, saliendo desde el nivel del mar.

Entre las nubes, la niebla, los cambios de tiempo, parece que te vayas a topar con algún vikingo en medio del camino a la cima, pero no es así, como mucho algunos renos o algún Noruego haciendo lo mismo que tú. Las aventuras dan comienzo por subirse en una pequeña zodiac con las botas de esquí, todo el material y rezando para que no llegue una ola que te hunda en el mar, a 1 o 2 grados de temperatura. Una vez en la playa, todos en orden a descargar el material y después los propios compañeros.

Playas nevadas, rocas con musgo, cambios de marea, bosques de hoja caduca y una nieve de todo tipo, polvo etereo, crosta, papa, pescadería y mucha naturaleza para disfrutar todo eso es lo que ofrece Lyngen. Puedes recorrerlo en barco, o sino en coche. La tranquilidad de las aguas desaparece en el momento en el que te acercas al Atlántico Norte, donde allí ya uno se queda expuesto al viento y no queda más remedio que refugiarse en una playa a sotavento para poder dormir sin mucho trajín dentro del barco. En algún momento algún windsurfista sacaría su aparejo por esos mares? Nosotros lo que sacamos fueron las tablas de esquí.

Porque si tienes que ir por esos lares, no lo dudes, llévate los esquís más anchos que tengas, aunque te cueste arrastrarlos, porque las posibilidades de la montaña son infinitas, por un lado son suaves sus laderas para ascenderas y por el otro lado son escarpadas y abruptas, con cornisas gigantes, donde hasta los más ávidos freeriders les temblarían las piernas.

Piernas, pies y estómago, tu triumvirato durante una semana. Comer y comer, dormir con el suave movimiento del velero, rezar para que funcione la bomba del lavabo del barco (no daré más detalles de este momento), y tratar de curar los pies, aquí no se salva nadie, porque la humedad hace imposible que seques los botines dentro del barco, es por ello que los Noruegos son gente práctica y sus farmacias están repletas de Con Pid, vaya inventazo, de todos los tamaños, hasta alguno con ositos, si es que ese día te vuelves a sentir como un niño.

El cuerpo acaba acostumbrándose a todo, incluso a la dureza del ambiente, al viento helador, a las gélidas temperaturas del exterior, haciendo que a tu regreso a Tromso, encuentres esta una ciudad de clima tropical, todo tu cuerpo emana calor, y eso que te encuentras a la misma latitud que el Norte de Alaska o el Norte de Siberia.

El mismo viaje es posible hacerlo sin menos estrecheces en un antiguo barco de pesca remodelado en un camarote de cinco estrellas, pero en un velero es mucho más divertido, el contacto con la gente, el ambiente de parapente dentro de los camarotes, las risas con la tripulación, las largas charlas en la bañera del barco, y sobretodo en dejar de escuchar el runruneo del motor por la noche. Para los navegantes comentar que la mayor y la génova tan sólo las sacamos un día, el viento no daba más de si.

Y si de capitanes intrépidos, tripulación afanosa, jovial, trabajadora y servicial hemos de hablar, seríamos injustos. Porque más que hablar, lo que nos toca es agradecer desde aquí a Carol y a Florance los inolvidables momentos que nos permitieron poder vivir, desde que conocimos su humilde mirada en el puerto de Tromso mostrándonos el velero cubierto de nieve polvo, hasta la despedida en que nos presentaron a sus amigos Noruegos. !Ojalá podamos vivir muchas aventuras como esta!

Sitios de interés relacionados:
http://www.escales-polaires.com/
http://www.gox.no/
http://www.visitnorland.no

Cartografía
http://ngis2.statkart.no/norgesglasset/default.html